MADEIRA Y AZORES EN LOS PRIMEROS PERIODICOS CANARIOS

(1750-1850)

 

 

Juan José Laforet.

Real Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas.

 

Para Robert Marrast es a través de la prensa <<como mejor se puede aprehender el movimiento de las ideas en curso y sus agitaciones, determinar la persistencia de las corrientes de pensamiento, sus resurgimientos, su desaparición en provecho de las ideas que poco a poco se abren camino y lentamente se implantan o se imponen>> (1). En este sentido <<para una visión completa del pasado de las islas -como de cualquier otro entorno local de características similares- el estudio histórico, a la luz de la teoría de la comunicación, de los distintos medios de información, por rudimentarios que sean, se hace imprescindible, pues si en ellos no encontramos todos los datos de rigor para la historia, si se percibe el ambiente general de la época, la influencia real de las personas y de los acontecimientos>> (2).

La información pública en Canarias toma cuerpo, se conforma, en el seno de la sociedad insular a lo largo de todo un siglo, que discurre aproximadamente entre 1750 y 1850, en el que se gestaron, a través de diversos altibajos, de épocas álgidas y de otras de ausencia total de cualquier tipo de papel noticioso impreso o manuscrito, o de algunas en las que lo que sobrevivió fue el profundo anhelo de ciertos sectores sociales por contar con un medio de comunicación, el ambiente y las condiciones necesarias para que hubiera <<prensa, en el sentido estricto de la palabra>>, pues esta no aparece, como señala con exactitud Jürgen Habermas en su extenso y exhaustivo estudio, <<hasta que la información periodística regular no se hace pública, esto es, hasta que no resulta accesible al público en general>> (3). Este largo período, al que hemos denominado genéricamente <<orígenes de la información y de la opinión pública en Canarias>> (4), es el momento en el que en las islas comienza a tener relevancia el concepto de <<lo público>>, de <<notoriedad pública>>, en el sentido de lo que Jürgen Habermas estudia con el término <<öffentlichkeit>>, que permite encontrarnos con el fenómeno social en el que unas audiencias determinadas tienen ya un interés común por las ideas y conocimientos que le llegan gracias a un mismo canal de comunicación.

No es de extrañar que, ante ese ambiente de interacción entre la sociedad y los usos de la comunicación pública, Agustín Millares Torres, pese a no ser un comunicólogo o un sociólogo de la comunicación en el sentido actual, aunque si mostró un interés poco usual en aquellas fechas por realizar un análisis de la historia incipiente del periodismo insular, redactase un texto que es necesario recordar una y otra vez, en el que ve como:

<<Las Islas canarias, entregadas a sus propias inspiraciones, aisladas entre si y de la madre patria, sin participarse sus mutuas necesidades, ni crear asociaciones que aumentaran sus débiles fuerzas y suplieran su falta de recursos, avanzan lentamente y a ciegas por la espinosa senda del progreso, oyendo a lo lejos y como débil eco, la voz de la prensa, que tímidamente al concluir el siglo XVIII, se levantaba ya entonces poderosa e irresistible sirviendo de indiscutible base a la libertad de pensamiento>> (5).

Es indudable que la incidencia que la información pública, la prensa en concreto, tuvo en el despertar de la sociedad canaria a la modernidad a lo largo del siglo diecinueve, tras varios siglos de estancamiento, fue algo notorio para muchos de los protagonistas de aquel acontecer, pues enseguida mostraron su interés tanto por reflexionar sobre el papel de la prensa en el progreso de la sociedad, como por estudiar cual había sido la historia del periodismo canario hasta ese momento. Sin olvidarnos de un trabajo fundamental, aunque ya tardío para lo que aquí se comenta, <<Los periódicos de las Islas Canarias. Apuntes para un catálogo>>, de Luis Maffiotte y La Roche, aparecido en 1905 y 1907, nos llaman la atención, por la fecha tan temprana en que se publican, estudios, artículos y comentarios como los de Elias Zerolo, insertados en la Revista de Canarias bajo el título de <<El periodismo en Canarias>> en el tomo I, 1878 - 1879, el de Gabriel Izquierdo y Azcárate, que en la misma revista escribe un trabajo titulado <<Papel viejo>>, o del ya citado Agustín Millares Torres que, aparte de lo que escribiera años más tarde en sus obras históricas, dio a la prensa periódica una serie de páginas sobre la función y la historia del periodismo canario, publicados en uno de los primeros periódicos impresos grancanarios, <<El Omnibus>>, 1855 - 1868.

Estos trabajos incluidos en <<El Omnibus>>, que dirigía el propio Millares Torres y que ha sido considerado como <<el gran impulsor del adelanto de la isla>>, son hoy de enorme importancia para comprender el interés que la prensa despertaba en el seno de la sociedad canaria, la utilidad que encontraban en ella para estimular el progreso, la función de espejo social en el que se miraban ciertos sectores de la ciudadanía. El tono de un editorial de 29 de diciembre de 1855 refleja tanto la voz del periódico en particular, como la de todo un colectivo social empeñado en transformar totalmente la estructura urbana e intelectual de Las Palmas de Gran Canaria, cuando dice que:

<<A los periódicos corresponde, como órganos del interés común, tomar iniciativa de todas las cuestiones útiles y dar impulso a esta misma prosperidad, poniendo en conocimiento del público las mejoras que sean realizables o al menos, que parezcan serlo>>.

Es la misma pluma de Agustín Millares Torres que pocos años después en el mismo periódico, un 2 de enero de 1858, dentro de un comentario sobre la función del periodismo, afirmaba que:

<<La prensa periódica es en el día el agente más poderoso de la ilustración universal; su poder alcanza a todas partes; su influencia se deja sentir bajo todas las latitudes. Su fuerza es la opinión pública, suprema ley de los Estados; sus armas, el genio, sublime don del cielo>>. <<¿Quién puede hoy vivir, con la vida de los pueblos modernos, sin tener a su lado un periódico?>>.

Indudablemente la chispa del periodismo había prendido en el seno de la sociedad canaria, como podemos palpar en el contenido de una circular impresa de la <<Presidencia de la Sociedad del Gabinete literario y de Recreo de Las Palmas>>, firmada por Bernardo González de Torres, Presidente, y fechada el 15 de agosto de 1846 -en concreto la copia remitida al socio José Joaquín Shanahan-, en la que expone la necesidad de tres proyectos imprescindibles para el progreso de la ciudad como eran la constitución de una caja de ahorros y monte de piedad, el establecimiento de una feria semanal o mensual, y <<por último, y prescindiendo de otros proyectos que realizados los anteriores se pudieran emprender con éxito y utilidad, tiene estos caracteres y facilitará aquellos el establecimiento de un periódico que enteramente estraño a la política, se ocupe de ilustrar á todas las clases, y hacerles conocer sus verdaderos intereses.....>>.

Los primeros periódicos de las Islas Canarias, tanto los manuscritos como los impresos, aparecieron en un momento crucial para la conformación de su historia posterior a lo largo del siglo XIX, en incluso del actual, siendo no sólo testigos del acontecer social, sino protagonistas indiscutibles en los acontecimientos y transformaciones materiales e ideológicas que se produjeron en los años ya denominados <<orígenes>>, como en los siguientes.

Es curioso observar como en el marco general de ese siglo de los orígenes del periodismo canario, 1750 - 1850, la aparición de periódicos, manuscritos o impresos, coincide con momentos cumbres o significativos para la historia insular; entre las que se estiman las tres etapas principales solo existe un elocuente silencio, que se justifica por la realidad que política y social que define la vida pública del Archipiélago.

Un primer eslabón lo constituye la ilustración, auténtica cuna intelectual para el periodismo canario, pese a que aún se limita a una difusión entre muy determinadas capas sociales, como cierta nobleza, clérigos ilustrados, militares de alta graduación y una incipiente burguesía mercantil. Sin embargo, tanto las gacetas manuscritas de Viera y Clavijo -el caso del también manuscrito <<Correo de Canarias>> merece una consideración diferente, imposible de dar en el presente trabajo-, como más tarde le ocurriera al primer periódico impreso de las islas, el <<Semanario Enciclopédico Elementar>> de Andrés Amat de Tortosa, que apareció entre 1785 y 1787, <<provocaron un amplio revuelo y las gentes se las quitaban unas a otras, deseosas de leer los hechos novedosos que contenían>> (6).

El segundo paso coincidirá con los acontecimientos de la invasión francesa de la península ibérica y la consiguiente Guerra de Independencia. Así, la constitución de la Junta Suprema de Canarias propició la aparición del <<Correo de Tenerife>> el 25 de agosto de 1808 en La Laguna, a la vez que de numerosos folletos y papeles sueltos en Las Palmas, respaldados por el Cabildo Permanente que se oponía al protagonismo de la junta lagunera. Y es que, como escribe Agustín Millares Torres en su alboreal trabajo de historia del periodismo canario publicado en <<El Omnibus>>, <<nuestras discordias locales nos ocuparon con más ahínco entre 1808 y 1809, que los triunfos y derrotas de los ejércitos nacionales>>. Sin embargo, habrá que reconocer, tras una lectura minuciosa de este Correo, que también incluye interesantes narraciones de los acontecimientos bélicos, encendidos discursos en defensa de la patria invadida, como una buena información tomada de periódicos ingleses, portugueses, holandeses e, incluso, franceses.

Entre 1814 y 1825, como alude Maffiotte, <<circularon gran cantidad de periódicos impresos anónimos de los que sólo se han conservado dos por los profusamente que circularon y el mucho ruido que produjeron a la entonces pacífica, morigerada y asustadiza sociedad isleña>> (7).

Ya en los años treinta del siglo pasado en Tenerife, y una década más tarde en Gran Canaria, aparecería, en lo que puede ser el tercer y último escalón de los <<orígenes>>, la prensa en un sentido estricto, por su presencia continuada, periódica y de relativo fácil acceso a una amplia mayoría de la población. En el caso de Tenerife hay que recordar periódicos como <<El Teide>>, 1835, <<El Atlante>>, 1837, o <<El Tribuno>>, 1837, que consolidaron definitivamente la actividad periodística en el seno de la sociedad insular.

En cuanto a Gran Canaria, y sin ánimo de que sirva de elemento de juicio peyorativo, habrá que volver al texto de Agustín Millares Torres en el que se pregunta: <<¿porqué en Canaria carecíamos de periódico? ¿porqué no aclimatamos en nuestro suelo esa planta lozana de la civilización moderna? La razón es bien obvia: porque nuestra indolencia era más poderosa que el sentimiento de aquella imperiosa necesidad?>>. Esta muestra de un estricto sentido de la autocrítica que impulsó a trabajar a Millares Torres y a su grupo, propició la aparición, tras la de los Boletines Oficiales, de un intento periodístico en 1842 con <<El Pueblo. Periódico Democrático>>, del que solo llego a publicarse el Prospecto en el mes de junio y el número 1 en agosto siguiente. Pero, como continúa exponiendo Millares:

<<desde aquella época, volvió a enmudecer la prensa de Las Palmas, hasta que la división de la provincia nos trajo en 1852 otras necesidades, otros deberes y otras esperanzas. Canaria conoció al fin que el periodismo es hoy el primer elemento de progreso para los pueblos, y que para ocupar dignamente el rango que le correspondía, era indispensable un periódico que fuera el sostén de sus derechos, y el eco de sus aspiraciones; por eso salió a la luz el "Porvenir" redactado con todo el entusiasmo que podía inspirar a sus autores la justicia de la causa que defendían, y el íntimo convencimiento del servicio que prestaban a su país>>.

<<Aquella empresa, sin embargo, concluyó, pero ya se había dado el primer impulso, y no era de esperar que el periodismo muriese en Canaria. Y en efecto, así sucedió, por que al "Porvenir" siguió "El Despertador", a este el "Canario", luego el "Crisol", después el "Omnibus", en seguida la "Reforma" y por último la "Revista Semanal">>.

Breve tiene que ser el repaso introductorio que en este trabajo se hace del marco general de la historia del periodismo canario en el período propuesto, 1750 a 1850, pero indudablemente se desprende o se intuye la función que la prensa tuvo para los insulares, como el interés diverso y amplio que hoy tiene el periódico convertido, tal cual han señalado profesores como Manuel Tuñón de Lara o María Dolores Sáiz, en fuente y en objeto de la historia,(8). Al mismo tiempo se nos presenta como espejo del sentir y del saber cotidiano de una sociedad, que reflejó en las páginas de aquellos incipientes medios informativos sus inquietudes, sus intereses y sus necesidades más perentorias.

Así, al utilizar la prensa como fuente para un hecho histórico, o social, concreto, como, por ejemplo, el que ahora nos ocupa, la presencia de noticias sobre las islas de Madeira y de Azores en los periódicos canarios aparecidos entre 1750 y 1850, o sea, los incluidos en ese período denominado <<orígenes de la información pública en Canarias>>, para acercarnos a una posible definición de cual era la imagen y el grado de conocimiento que el público canario de aquel momento tenía de aquellos otros dos conjuntos insulares atlánticos, se hace necesaria la valoración del texto, de la noticia o el dato concreto, en el conjunto del medio en que aparece, realizándose un análisis formal de la publicación, tanto descriptivo de sus formas externas, como del total de los contenidos que usualmente definen a la publicación. Y es que, como ya ha escrito María del Carmen García Nieto, <<la prensa como fuente de información de un hecho concreto supone la valoración de un texto, a través de un análisis descriptivo y de la cuantificación del mismo, en dos sentidos: tipografía externa (localización, títulos, presentación) y contenidos (noticias, cartas telegramas, etc), (9).

El periodismo isleño, de ese siglo largo que necesitó para alcanzar una relativa madurez, se caracteriza, en cuanto a su contenido y a su continente, por una línea titubeante, que no le resta valor como fuente, ni como labor pionera en el campo de la información pública, pero si que impide la consolidación de un tipo de prensa definida en sus objetivos, sus formatos y sus estructuras internas.

Tras las primeras gacetas manuscritas de José de Viera y Clavijo -de quién Elias Serra Ráfols dijo que, frente a otros historiadores coetáneos suyos, no fue en realidad un historiador sino esencialmente un escritor, un literato-, en las que ya muestra un interés por la difusión de conocimientos, hechos, comentarios, ofrecidos con cierta periodicidad y dirigidos a un público no especializado, lo que nos descubre un ánimo periodístico, apareció, en noviembre de 1785 el primer periódico impreso del Archipiélago Canario, el <<Semanario misceláneo enciclopédico elementar>>, del Teniente Coronel de Ingenieros Andrés Amat de Tortosa, en el que, sin ofrecer un periodismo informativo, si ofrece un material, muy a tono con las corrientes ilustradas del momento, que pretende crear opiniones, inquietar las conciencias, con el objetivo último de conseguir una evolución en todos los aspectos.

El <<Correo de Tenerife>>, aparecido en 1808, se nutre de comunicados de la Junta Patriótica, de noticias de la Guerra de Independencia, de los primeros avisos sobre movimiento de buques, como del algunas noticias económicas y mercantiles, a través de sus ocho páginas, en tamaño cuarto y numeración correlativa a todos los números. Un dato a tener en cuenta es que, dado el enorme retraso con que llegan las noticas nacionales, los relatos se encaminan más a sostener los ideales de la independencia nacional, a la vez que las polémicas con el Cabildo Permanente establecido en la vecina isla de Gran Canaria, donde se editaban hojas sueltas impresas que respondían a los artículos publicados en el <<Correo>>.

Las hojas anónimas y clandestinas aparecidas en la etapa del largo silencio que supuso el reinado de Fernando VII, solo fueron testigos de temas puntuales, de denuncias sobre asuntos muy concretos, que, sin ser periodismo informativo en el sentido estricto del concepto, si contribuyeron a mantener el ideal de la comunicación impresa.

Con <<El Atlante>> en Tenerife en 1837, y <<El Porvenir de Canarias>> en Gran Canaria en 1852, con las experiencias previas de algunos Boletínes Oficiales, con sus partes <<oficial>> y <<oficiosa>>, el periodismo canario entra en la modernidad, tanto en su estructura, como en sus contenidos, asimilandose enseguida a lo que ya era común en el resto del país en materia de información periodística. Muy pronto <<las islas llegaron a ocupar, a mediados del siglo XIX, el quinto lugar entre las provincias españolas por el número de sus periódicos, aventajadas tan sólo por Madrid, Barcelona, Sevilla y Cádiz>>, (10).

En una lectura y análisis detenido de los periódicos, o protoperiódicos, de la época propuesta, se pueden encontrar numerosas referencias a diversos países europeos, especialmente Inglaterra, Francia, Holanda, Italia y Portugal, aunque estos dos últimos en menor escala, de donde provienen muchos periódicos de los que se extrae material noticioso de interés para las islas, pero, sin lugar a dudas, los contenidos se centran en temas propios del Archipiélago Canario o son relativos a intereses cotidianos de sus habitantes.

En este marco, el rastreo de la presencia de noticias o de temas relacionados con las islas de la Madera o de Azores da como resultado una situación que, de alguna manera, conecta con una realidad constatable en otro tipo de fuentes documentales, y que se manifiesta en la escasez de referencias sobre estos dos archipiélago vecinos del Atlántico. Si la prensa es reflejo del estado de ánimo de la opinión pública de su tiempo, se podría sugerir que las islas de la Madera y de Azores no eran tema cotidiano ni usual en la sociedad canaria de coetánea a sus primeros periódicos. Sin embargo, a lo largo de las páginas de los diferentes periódicos, y de forma puntual a determinados acontecimientos, aparecen una serie de noticias históricas, mercantiles, náuticas, agrícolas y sociales, que inducen a pensar que, pese a no constituir un tema cotidiano, si estaban presentes y mucho más próximas de lo que formalmente aparecía.

La primera referencia, de tipo histórico, aparece en la narración de la <<Conquista de Gran Canaria>> que ofrece Andrés Amat de Tortosa a través de varios números del <<Semanario misceláneo enciclopédico elementar>>; en concreto en el número VI, página 47, escribe:

<<Pasando despues a Europa el mismo Betancourt dexó el Gobierno, y posesión de las Islas conquistadas a Maciot de

Betancourt su Primo. Sobrevinieron con este los Naturales, y Obispos de S. Marcial del Rubicon en Lanzarote, varias diferencias y disputas que le obligaron a retirarse a la Madera, y venderlas a D. Enrique Rey de Portugal: Este envía un Armamento contra la Gran Canaria: llegar aquí; desembarcar la Tropa; ser atacada desesperadamente por los Bárbaros, y precisada a ganar sus Navíos con notable pérdida; solo fue negocio de una hora. Hubo varias controversias con las Cortes de Castilla, y Portugal sobre estas Islas...>>, (sic).

Tras continuar con la narración de posteriores incursiones como la de Diego de Silva en 1466, enviado por el Infante de Portugal, culmina estas reseñas con la de un nuevo viaje en el que <<algunos mal-contentos de los procederes de Herrera, se retiraron desde Lanzarote á la Isla de la Madera, y se quejaron secretamente a la corte de los Reyes Católicos>>, (sic). Con estas primeras narraciones ya podemos acercarnos a lo que puede suponer una fuente para la conformación de una imagen pública sobre un determinado asunto o lugar, a la vez que se establece para el lector de finales del siglo XVIII la importancia que podía tener la línea de navegación entre Lanzarote y Gran Canaria con la isla de la Madera.

En el <<Correo de Tenerife>>, que dentro de las noticias relativas a la Guerra de Independencia cita reiteradamente acontecimientos y textos portugueses, algunos significativos como el comentario inserto dentro de una información publicada en el número 17, del 10 de noviembre de 1808, que destaca <<la disposición general de los portugueses que deseaban sacudir el yugo francés daban motivos de esperar un resultado más favorable a la causa común>>, se encuentran algunas referencias a buques procedentes de la Madera, como en el número 5, de 22 de septiembre de 1080, que avisa que al <<Puerto de la Orotava. El 2 entró el bergantín Inglés Phabé. Su capitán Head procedente de la Madera, en lastre consignado a D. Diego Barry>>, (sic); o en los números 7 y 10, del mes de noviembre, que recogen la llegada, procedentes de la Madera, de la fragata de guerra inglesa <<Undauthed>>, o de la goleta, también inglesa, <<Ana>>.

Una noticia sumamente curiosa por muchos motivos es la que aparece en el <<Correo de Tenerife>> número 17 de 10 de noviembre de 1808, y que dice lo siguiente:

<<AVISO. La persona a quien acomode comprar las dos Islas llamadas Salvajes que pertenecen en propiedad libre a la familia portuguesa y casa de Cabral en la Isla de la Madera, puede dirigirse al Presbítero D. Miguel Cabral de Noroña, Capellan de Ejercito, residente en la Ciudad de La Laguna Capital de Tenerife, que este dirá con quién ha de tratarse, y en que terminos>>, (sic).

Años más tarde, superados los años del largo silencio de la época absolutista, <<El Atlante>>, en su edición número 46, del 1 de marzo de 1837, inserta un comunicado del <<Vice - Consulado de Portugal en Tenerife>>, referido al Decreto del 10 de diciembre de 1836 que abolía el tráfico de negros en todos los dominios ultramarinos de Portugal, firmado por el vice-consul de ese País en Tenerife, Felipe Ravina.

También aparecen las ya características reseñas de llegadas de buques, como la primera que aparece en este periódico acerca de uno procedente de la Madera, el bergantín americano <<Washintong>>, publicada en el número 45, del 28 de febrero de 1837. Sin embargo, estas referencias serán mínimas, sobre todo si las comparamos con las de buques procedentes de otros países; para ello es necesario remitirse a la <<Noticia de los buques que han entrado en este puerto -se refiere al de Santa Cruz de Tenerife- en todo el año 1836>>, donde, de un total de 164, 84 son nacionales, 6 franceses, 43 ingleses, 3 <<olandeses>> (sic), 4 sardos, 19 americanos, 2 suecos, 1 toscano y 1 brasileño.

En el caso de Gran Canaria será en <<El Porvenir de Canarias>> donde se encuentran las primeras referencias, pocas, pese a su interés, si se compara con las que se dan de Inglaterra, Francia o Alemania, a las que se llega a dedicar secciones como a las noticias nacionales.

Hay que destacar la noticia que da en la primera página del número 29, del miercoles 2 de marzo de 1853, en la que se escribe textualmente:

<<De un periódico Inglés tomamos la siguientes noticias.

Próxima hambre en la isla de la Madera.

La pérdida de la cosecha de vinos, y el hambre que desgraciadamente amenaza á los habitantes de la isla de la Madera, han excitado las simpatías de varios comerciantes Ingleses y de los amigos de aquel país, hasta el punto de haber promovido una suscricion para atenuar en lo posible los efectos de la calamidad aludida...>> (sic).

El artículo continua comentando como se formó un comité designado por el gobernador, integrado por cinco personas, de ellas tres inglesas; los tres objetivos que perseguían, en primer lugar librar de la muerte a los que estaban expuestos a ella, en segundo mejorar la tristísima situación de los labradores, y por último promover la emigración a las Antillas Inglesas, donde estaban faltos de brazos para el trabajo; las características de la capital de la isla, Funchal, y de su puerto; las de su principal producto, el vino; a su población, que se estima en unas 80.000 almas; las peculiaridades de la Isla y de su clima, señalando como <<multitud de europeos atacados de afecciones de pecho, se acogen a su temperatura en invierno, y algunos esperimentan alivios considerables>> (sic).

<<El Porvenir de Canarias>> días después, el miércoles 16 de marzo de 1853, en su número 33, refiriéndose al artículo anterior, y vinculando la realidad triste que vivía la isla de la Madera con la que podría darse en canarias por su proximidad y similares características de todo tipo, escribía <<acerca del lamentable estado en que se encontraba la Isla de la Madera, a consecuencia de la pérdida de sus viñedos. Temerosos nosotros de que esta calamidad llegue hasta nuestras playas, y deseando adquirir antecedentes acerca de la misma...>>, <<hemos obtenido la memoria que respecto a la materia ha escrito D. Jacinto Montells y Nadal, catedrático de historia Natural del Instituto de Málaga>>, que publican en números sucesivos, con la intención de difundir una información que evite la posible situación que con anterioridad sufrió la Isla de la Madera y que debía servir de ejemplo para Canarias.

Tampoco olvida <<El Porvenir>> la información de buques, como la publicada en la edición del sábado 13 de agosto de 1853 sobre la llegada, el día 9 anterior, del bergantín de guerra <<Bambridge>> procedente de la Madera.

En conclusión, se puede decir que, si el público canario, a través de los primeros periódicos aparecidos en el Archipiélago entre 1750 y 1850, etapa que se ha designado como <<orígenes del periodismo canario>>, pudo ir conformando una opinión y una imagen del mundo exterior y del suyo propio gracias a los contenidos de aquellos incipientes medios de comunicación, a la vez que ellos se constituían en referente impreso de la sociedad en la que se gestaban, esto se dio también en la información sobre lugares concretos, como en el que ocupa a este trabajo, las islas de la Madera y de Azores, que si bien no contaron con una presencia amplia en aquellas páginas, si que fue de alguna manera significativa, al menos para que, a la vuelta de casi dos siglos, tomemos conciencia de la imprescindible necesidad, en el entorno de opulencia comunicacional que nos asiste, de ahondar en el conocimiento y las relaciones cotidianas entre estos archipiélagos atlánticos.

 

 

NOTAS BIBLIOGRAFICAS.

 

(1).- MARRAST, Robert. <<La prensa española del siglo XX: algunos problemas de investigación>>, en Prensa y Sociedad en España (1820 - 1936). Madrid, Edt. Cuadernos para el Diálogo, 1975. pag. 15.

(2).- LAFORET, Juan José. <<La Comunicación pública en los orígenes del periodismo canario>>, en VII Coloquio de Historia Canario Americana. Las Palmas de Gran Canaria, Cabildo Insular, 1986.

(3).- HABERMAS, Jürgen. Historia y crítica de la opinión Pública. Barcelona, Gustavo Gili, 1981.

(4).- LAFORET, Juan José. Orígenes de la Información en Canarias. (1750 - 1850). Madrid, Universidad Complutense, 1985.

(5).- MILLARES TORRES, Agustín. Historia de la Gran Canaria.Tomo I. Las Palmas de Gran Canaria, Imprenta de Manuel Collina, 1860.

(6).- LAFORET, Juan José. Orígenes del Periodismo Canario. Las Palmas de Gran Canaria, Cabildo Insular, 1987.Col. La Guagua, nº 63.

(7).- MAFFIOTTE Y LA ROCHE, Luis. Los periódicos de las Islas Canarias. Apuntes para un catálogo. Madrid, Biblioteca Canaria, 1905 - 1907.

(8).- TUÑON DE LARA, Manuel. Metodología de la historia social de España. Madrid, Siglo XXI, 1977. SAIZ GARCIA, María Dolores. La prensa como fuente histórica.

(9).- GARCIA NIETO, María del Carmen. <<La prensa diaria de Barcelona de 1895 a 1910>>, en Prensa y Sociedad en España (1820 - 1936). Madrid, Cuadernos para el Diálogo, 1975.

(10)- RODRIGUEZ DORESTE, Juan. Memorias de un hijo del siglo.Las Palmas de Gran Canaria, Caja Insular, 1988.