

1. INTRODUCCION
A finales de 1947 el Dr. A. Vieira del Centro de Estudos de Historia do Atlantico de Funchal, contactó con nosotros para realizar una evaluación arqueológica de ciertas estructuras de funcionalidad desconocida que se relacionaban tradicionalmente con ia población esclava de origen canario que llega a Madeira a partir del siglo XV. El trabajo de campo se realizó entre los días 11 a 19 de julio de 1998.
El trabajo propuesto era en sí mismo un problema prácticamente insoluble por las circunstancias que concurren en los yacimientos a estudiar, vagamente relacionadas con un entorno histórico del que no sabemos si participan. Sin embargo el hecho de que de alguna manera pudieran estar relacionados con la población esclava de origen canario que llega a Madeira durante el siglo XV nos llevó a asumir el reto de intentar desvelar sus orígenes.
Tras llevar a cabo la prospección de las zonas en que se ubican las mencionadas estructuras, nos dimos cuenta de la dimensión real del problema, que no era otro que la absoluta ausencia de información sobre las mismas. Fracasada, al menos por lo que a este primer contacto se refiere, la opción arqueológica, es decir la obtención de información a través de los sedimentos que pudieran conservarse en estos sitios, la única vía de análisis a nuestro alcance era la tipológica y ésta es muy endeble desde la perspectiva científica. No obstante es la única posibilidad que existe por el momento para aproximarnos al significado último de estas estructuras. Quizás en el futuro con nueva documentación etnográfica y, tal vez, arqueológica, sea posible conocer la verdadera funcionalidad de estos sitios.
2. ANTECEDENTES HISTORICOS
Numerosos autores como G.E. de Zurara, Diogo Gomes o Gaspar Frutuoso describen actividades esclavistas en Canarias, bien perpetradas directamente, bien, como es más frecuente, realizadas a la vuelta de expediciones a la costa del continente africano. Las primeras referencias a esclavos canarios en la isla de Madeira datan de mediados del siglo XV, llevándose a cabo las presas en cuatro islas del Archipiélago: La Palma, Tenerife, Gran Canaria y La Gomera, especialmente en las tres primeras e que aún no habían sido conquistadas. De estas se recogen las realizadas en 1425, 1427 y 1434 que parten de Madeira y la de 1445 llevada a cabo por el madeirense Alvaro de Ornelas que de vuelta de una expedición por tierras africanas se desvía a La Palma donde cautiva a un grupo de indígenas que conduce a Madeira. Entre estas fechas las ventas de los esclavos obtenidos e en estas expediciones se llevan a cabo en Madeira o en Lagos(1). Tradicionalmente la oresencia de canarios en Madeira se relacionaba con el texto de Cadamosto (1455) en el que refiere las habilidades de un canario en Madeira. Y os hago saber que yo vi un canario cristiano, en la isla de la Madera, que se comprometía en apuesta a dar a tres hombres doce naranjas a cada uno, y él tomaría para sí otras doce: y se comprometla a hacer blanco en cada uno de ellos con sus doce naranjas de modo que ninguna fallase, y que nunca ninguno de ellos le tocaria con ninguna de las suyas...
Una vez que termina la conquista de las islas cambian los puntos de aprovisionamiento, dirigiéndose las expediciones esclavistas hacia el vecino continente africano. Madeira tiene un papel protagonista durante el siglo XV y XVI en la defensa de las plazas lusitanas en Marruecos, tales como Arzila, Azamor, Mazagao, Santa Cruz del Cabo Gué o Safim, expediciones que son capitaneadas por la aristocracia de Funchal y Ribeira Brava. Esto explica la importante presencia que van a tener los esclavos moriscos en ambas localidades madeirenses y las represalias de los corsarios argelinos en la segunda mitad del siglo XVI y en el XVII, siendo especialmente significativo el asalto de 1617 a la isla de Porto Santo donde capturan a novecientos vecinos.
La tercera vía de aprovisionamiento de esclavos es la costa de Guinea, a través de las factorías establecidas en Arguim, S. Jorge da Mina y, más tarde, en Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe. Zurara. Cadamosto, Diogo Gomes y Duarte Pacheco Pereira son buenos cronistas de este oscuro comercio entre las décadas del cuarenta y cincuenta del siglo XV.
Los esclavos canarios en Madeira, según recoge L. Siemens y L. Barreto(2), se dedicaron a dos actividades principales: el pastoreo, práctica económica en la que también se mantienen en sus áreas de origen tras la conquista castellana, y en los trabajos de la industria azucarera. No obstante su presencia en la isla va a ser una fuente permanente de problemas como señala la carta del Duque regente (Tomar, 12 de noviembre de 1483)
En cuanto a lo que dicen que hay muchos esclavos canarios que sus dueños ocupan como pastores de ganados en la sierra y ellos se amotinan y merodean por la sierra y destruyen los ganados ajenos, por lo cual la crla de los ganados de esa isla se va perdiendo...
Según Siemens-Barreto los problemas no se circunscribían a este grupo étnico sino que se trasladaron también a otros pues inducían a los negros a robar y encubrían unos los hurtos de los otros. Esta problemática da lugar en 1490 a la expulsión de los canarios con algunas excepciones de carácter económico
En dicha isla no habrá canarios de la Gran canaria ni de la isla de la Palma ni de Tenerife ni de la Gomera, ni horros ni cautivos, entendiéndose los hombres y muchachos a partir de los diez años de edad. Las esclavas puede tenerlas quien quiera (...) Entre estos canarios no estará comprendido aquel que al presente fuere maestro de azúcar y esté empleado en dicho oficio y examinado de lo que sabe hacer.
Lejos de desaparecer los problemas generados por la población canaria esclava, estos parecen que continúan, lo que origina nueva documentación referida a este grupo étnico que tiene, a pesar de las alteraciones del orden público que genera, un gran interés para la población madeirense, si no tanto los pastores sí los esclavos y horros que trabajan en la industria azucarera, muchos de los cuales adquirieren la categoría de maestro de azúcar. Siemens-Barreto explican que esta falta de unidad frente al problema canario se produce a fin de evitar ia fuga de especialistas de la isla en un momento en el que el apogeo de la industria azucarera en otras islas atlanticas era ya un acontecimiento próximo e irreversible.
La pregunta que debemos hacernos antes de que nada es la siguiente: ¿es posible que en este contexto, con las condiciones de vida que se imponen al esclavo, los canarios recompongan -aunque sólo sea a niveles mínimos- sus modos de vida tradicionales? Y si es así ¿a qué niveles se realiza esta reconstrucción?. La esclavitud supone un cambio radical que afecta al individuo a todos los niveles porque lo extrae del entorno social y cultural que le es habitual para introducirlo en otro completamente extraño y coercitivo que aisla al esclavo de sus congéneres evitando que estos puedan reorganizarse y llegar a ser un peligro para el sistema. Para alcanzar estos objetivos la religión juega un papel primordial como vehículo de integración de estas personas al nuevo orden social en que están inmersas, despojándolas de aquellos mecanismos psicológicos que los diferencian étnicamente de sus opresores. De esta manera la religión cumple la función ideológica por excelencia en un conjunto estructuralmente homogéneo, es decir, resuelve simbólicamente para todos los grupos las oposiciones que existen en el plano de las relaciones sociales y del ejercicio del poder(3).
Un ejemplo de lo dicho lo tenemos en Canarias donde encontramos aborígenes libres junto a poblaciones esclavas moriscas o negras. Pocos vestigios se han encontrado de estas últimas, quizás algún enterramiento encontrado en Lanzarote donde la condición del individuo se identifica en todo caso a través de algún complemento de ornato pero no en los ritos o en el ajuar funerario. Para en caso de los aborígenes canarios el mejor ejemplo puede ser el de la conquista de la vecina isla de Tenerife, en la que participa un contingente numeroso de aborígenes de Gran Canaria que posteriormente reciben datas en la isla. Se trata, como sucede con Don Fernando Guanarteme y sus súbditos, de un grupo compacto que se asienta en Tenerife a finales del siglo XV y que no es capaz de reorganizarse como pueblo ni tampoco de dejar en el territorio huellas diferenciales que delaten su presencia étnica. Tampoco los alzados guanches, estudiados por el profesor M. Lorenzo Perera(4), que quedan en esta isla tras la conquista, dejan una impronta material clara que delate sus actividades, debido sin duda a la constante movilidad que les impone su condición de renegado, aunque son numerosas las referencias documentales que les señalan como gente que no se andan ni se tratan en e/ vestir y en las otras cosas como castellanos, salvo que andan entamarcados. Sin embargo, este último caso presenta marcadas diferencias con el anterior y con el que nos ocupa en Madeira, como las que existen entre individuos libres y esclavos. Esto explica que muchos grupos que vivían en zonas aisladas y siguieron dedicados a la ganadería trashumante conservaran la lengua, las costumbres y el modo de vida tradicional durante bastante tiempo después de la conquista(5).
En fin, otro elemento que impedía la reorganización de estos grupos especialmente de aquellos que gozarán de cierta libertad de movimiento, fue de bajo número de los esclavos canarios, la ausencia de liderazgo en su seno y el contacto con otros grupos étnicos (negros y moriscos) en la misma situación.
Estos motivos nos llevan a dudar de entrada de una posible vinculación de las estructuras de Madeira con esclavos canarios, aunque no a desechar que la presencia de este contingente de población haya dejado directa o indirectamente otras huellas relacionadas con la percepción del territorio o el uso de determinados complementos propios de la actividad pastoril, además de aquellas que dan cuenta de la propia percepción que tiene el hombre de Madeira de la presencia de estos componentes étnicos extraños a su propia idiosincrasia
3. LA TOPONIMIA COMO EVIDENCIA ETNICA
El recurso a la toponimia corresponde a una de las parcelas a las que con mayor frecuencia se recurre para efectuar evaluaciones arqueológicas de un entomo, toda vez que constituye una de las más claras evidencias de las relaciones establecidas entre las poblaciones del pasado y su entorno. Las labores de esta naturaleza desarrolladas en Canarias hacen un uso constante de esta fuente informativa dada la constatada pervivencia de topónimos indígenas que, más o menos alterados, han perdurado hasta la actualidad. Así lo avalan los estudios desarrollados por investigadores como M. Trapero o L. Afonso en estos ámbitos insulares.
Como recoge F. Burillo, los colectivos humanos tienen la necesidad denominar el medio geográfico en el que se halla inmerso, para identificar los lugares y poder comunicarse con sus semejantes. Como señalábamos. entre los topónimos actuales pueden encontrarse pervivencias del pasado, verdaderos fósiles lingüísticos, que abren la posibilidad de completar importantes parcelas de la Historia de las poblaciones que nos han precedido en el tiempo. Si bien es cierto que su estudio e interpretación corresponde en mayor medida a los filólogos, no puede dejar de considerarse en cualquier estudio que trate de contemplar la vinculación de las poblaciones del pasado con un territorio específico.
La toponimia puede contribuir de forma determinante a la localización espacial de yacimientos o enclaves donde grupos del pasado han desarrollado cualquier actividad. Ello responde al hecho de que las nomenclaturas de los lugares se realizan, normalmente, por las particularidades y anomalías que éstos presentan, que las diferencian de los demás. Una de estas diferencias podría ser, por ejemplo, el asentamiento de una población con unas sehas culturales particulares que les distinguen de otras colectividades que comparten el mismo territorio. Este podría ser el caso que ocupa nuestra atención en estas páginas, donde unos grupos humanos, por sus condicionantes históricos particulares, exhiben unos "comportamientos" considerados ajenos o extraños por el resto de la población.
La posibilidad de rastrear la existencia en
Madeira de topónimos que pudieran ser asimilables a la
población aborigen canaria traslada a este marco insular,
abre una muy interesante fuente de estudio. Tal circunstancia
responde al hecho evidente de la enorme dificultad que estos «alzados»,
dadas las particularidades de situación histórica,
hubieran dejado una abundante huella material (ya sea bienes muebles
o inmuebles).
Sus condiciones de existencia, las actividades económicas emprendidas, la persecución a la que fueron sometidos por parte de las autoridades locales, etc., son elementos de gran importancia a la hora de evaluar las evidencias artefactuales y/o constructivas que pudieron haber dejado esta población aborigen canaria en Madeira. Resulta evidente, en este sentido, que una de las condiciones más importantes para el desarrollo y consolidación de unas manifestaciones culturales es la estabilidad del grupo que las protagoniza, así como un marco temporal adecuado para este propósito.
A ello han de añadirse otras cuestiones, no menos importantes, que dejan constancia de la dificultad de la localización inmediata de restos materiales asimilables a estas poblaciones. Por un lado estaría la intensa presión antrópica existente sobre buena parte del territorio considerado en estas páginas ha debido limitar, sin duda, la posible perduración hasta la actualidad de los vestigios antes señalados. Por otro lado, la reutilización de espacios en los que los indígenas canarios hubieran podido tener un refugio más accesible (como por ejemplo cuevas), ha debido desdibujar de manera muy significativa cualquier evidencia material o constructiva que estos grupos humanos hubiesen podido dejar.
Otro de las cuestiones ha tener en cuenta es el origen diverso de las poblaciones llevadas hasta Madeira. Las sensibles diferencias culturales entre cada una de las islas durante su Prehistoria, constituye un hecho suficientemente probado por la Arqueología. Este aspecto lleva a valorar las dificultades que entraña la conformación y perduración temporal de manifestaciones completamente paralelizables con las existentes en el Archipiélago canario durante la etapa de poblamiento prehistórico.
La toponimia por su parte, y en este caso concreto, sí puede aportar una valiosa información sobre los acontecimientos históricos a los que aquí hacemos referencia. La toponimia supone la expresión de conceptos, símbolos, etc. claramente relacionados con el lugar en el que se habita. Es, sin duda, una forma de conceptualizar el espacio de una manera sencilla, para comprender el medio y la naturaleza con todas sus propiedades. Es evidente en este sentido, como la toponimia constituye parte de la historia de un paisaje, pues no sólo refleja los elementos que en él predominan, sino también los que también han perdido la referencia original (L. Afonso, 1988). Es ésta una valoración especial importante para el caso que nos ocupa en estas páginas, desde el momento que un elevado número de los topónimos conservados en Madeira pueden ser adscritos a esta última categoría.
De este modo, el conocimiento de los topónimos ayudan a aclarar el significado de los conceptos y símbolos que lleva implícito el comportamiento del grupo humano que allí habitó y sus actividades socioeconómicas. Por otro lado, el contenido locacional o topográfico proporciona la estructura básica del espacio geográhco y el conocimiento de sus atributos, tanto en el pasado como en el presente. Como señala L. Afonso (1988), los topónimos normalmente tienen un origen muy simple, surgiendo de una referencia local que acepta el grupo. Ese origen puede variar desde la forma del terreno, o una planta, o un animal, una cualidad, etc.
Muchos topónimos perviven mucho más allá de su origen funcional o de su referencia inicial, quedando así desvinculado de la razón que motivo su génesis. El escaso número de estudios filológicos sobre esta materia de estudio, limita enormemente la valoración de muchos de los nombres de lugares localizados en Madeira que puedan ser puestos en relación con los aspectos que se abordan desde estas páginas. A ello ha de añadirse los continuos intercambios de población entre ambos territorios insulares, lo que dificulta enormemente precisar el contexto histórico que dio origen a algunos de los topónimos a los que se hará referencia posteriormente. La presencia de gentes de habla portuguesa en Canarias en una constante desde los inicios de su colonización europea, razón por la cual puede resultar complicado determinar cual es la dirección de los préstamos culturales aquí valorados.
De este modo, y para los objetivos perseguidos en este trabajo, no sólo se han tenido en cuenta los topónimos que pudieran tener una ascendencia aborigen canaria(6), sino también otros que pudieran ser asimilables a la impronta de estas comunidades en el territorio madeirense.
Un aspecto que llama poderosamente la atención con relación a lo mencionado anteriormente, es que la mayor parte de los topónimos en el sentido propuesto se encuentran concentrados en el extremo más occidental de la isla. Un aspecto éste especialmente sugerente si tenemos en cuenta la territorialidad de los "canarios alzados" y las prácticas económicas por ellos emprendidos, así como los emplazamientos coloniales del inicio del poblamiento de Madeira.
Evidentemente el primer nombre al que debemos hacer referencia es el Pico Canario. No cabe duda la clara relación entre este accidente y el grupo poblacional al que se asimila. La constatación de este topónimo en documentos históricos, da cuenta, además, del arraigo del mismo a lo largo del tiempo. Uno de los aspectos más llamativos con relación al Pico Canario, es que se encuentra en una zona especialmente inaccesible, a la que, ni siquiera en la actualidad puede llegarse por carretera. Quizá este caso pone de manifiesto que, más que la asimilación de construcciones o estructuras vinculables a la población indígena canaria trasladada a Madeira, se asocia a estas comunidades unos entornos específicos, como parte de la concepción sobre la compartimentación del territorio.
Las fuentes escritas señalan de forma reeurrente la dedicaeión de esta población al pastoreo de ganado menor, constituyendo esta actividad un elemento clave para entender sus formas de vida y, especialmente para el caso que aquí nos ocupa, su conexión con el espacio geográfico. Son numerosos los topónimos, como decimos especialmente localizados en la mitad occidental de la isla, que pueden ser asimilados al desarrollo de estas labores. Así tenemos, por ejemplo: Poibo da faja da ovelha o Pico da cabra, ete. En la mayor parte de los casos, parece poder situarlos en entornos en los que se desarrolló con cierta intensidad labores de pastoreo. No obstante, estos topónimos dificilmente pueden ser asimilables directamente a los canarios, toda vez que esta práctica económica continuó desarrollándose en este entorno hasta fechas relativamente recientes. A pesar de ello, es un elemento que ha de tenerse en cuenta a la hora de afrontar futuros trabajos de investigación. Afirmación ésta que adquiere una especial significación si tenemos en cuenta la constatada existencia de otros usos, relacionados con el pastoreo, que pueden tener un origen canario, como es el uso de garrotes o lanzas (bordones) para el desplazamiento de los pastores por este territorio.
Otra de las categorías de topónimos que puede tener una cierta significación para los aspectos considerados, son aquellos asociados a espacios que pudieron aprovechar las poblaciones canarias alzadas como refugio: las cuevas. Las oquedades naturales constituyen un elemento que resultaba familiar a estos grupos humanos y que, a todas luees, debieron servirles para guarecerse a lo largo del período de tiempo contemplado. Quizá, el elevado grado de reutilización a la que se han visto estos espacios no permita la determinación de ningún resto material asociados a los canarios, siendo la toponimia el único elemento que puede permanecer en el sentido propuesto. De nuevo ha de manifestarse las debidas cautelas con respecto a lo señalado, si bien sin descartar apriorísticamente, la eventualidad apuntada.
Nuevamente los topónimos encuadrables
dentro de esta categoría se ubican preferentemente en el
sector más occidental de Madeira, como manifiestan los
ejemplos que a continuación se recogen: Beira das lapas,
Pico da Cova Grande, Cova do Arco, Cova da Birahoao, Cova du Curral(7),
etc., siendo un caso especialmente significativo para los objetivos
que aquí nos preocupan el caso de la Cova do Negro.
Uno de los grupos de topónimos que presenta un mayor interés es el que hace referencia en su nomenclatura a poblaciones foráneas y extrahas a las gentes que otorgan nombres al entorno. Normalmente, y de forma recurrente, se hace referencia en nombres de lugares a "mouros" o "mouras", en referencia inequívoca a poblaciones de comunidades norteafricanas. La procedencia norteafricana de un contingente importante de población que es trasladada a Madeira a raíz de su colonización, y su vinculación reiterada con los "canarios alzados" constituye un elemento de gran valor para el desarrollo del análisis propuesto. En el mismo sentido, en la Arqueología peninsular española, la aparición de topónimos en los que se incluye moros(8), es directamente asimilada, en la mayor parte de los casos, a la existencia de yacimientos arqueológicos(9). En términos generales, se asocia los moros cualquier manifestación extraña o no reconocible, perdurando tal connotación en la toponimia a lo largo de mucho tiempo.
Son numerosos los topónimos localizados en Madeira que pueden ser encuadrables dentro de esta categoría(10): Lombo do Mouro, Eira do moira, Lombo Moiro, etc En este caso, podría resultar singularmente importante la recogida de información oral en torno a estos topónimos y los elementos, caso de perdurar, que aún se asocian a ellos.
Sin duda los topónimos que ofrecen una mayor dificultad de explicación e interpretación son aquellos a los que puede asociarse un origen, la menos parcial, a la lengua de los aborígenes canarios. Es el caso, por ejemplo, de Garachico, considerado topónimo aborigen, y que está presente en la isla de La Palma y Tenerife (F. Navarro, 1981); en la primera no se conoce antes del siglo XVIII, mientras en Tenerife es recogido por varios textos del siglo XVI como Garachice y también Garachizo y Guarachico. Para J. Alvarez Delgado tiene origen aborigen, rechazando cualquier otra procedencia, relacionándolo con otras voces similares como Garafía o Garajonay, filiación que también reconoce D.J. Wolfel, aunque no encuentra paralelos cercanos en las lenguas del Noroeste africano.
Para C. Diaz Alayón(11) la etimología de la voz Garachico se presenta como una cuestión no resuelta del todo, aunque si nos atenemos a la interpretación de J. Alvarez Delgado podríamos plantear un significado similar a tierra alta. En Madeira la voz Garachico podría responder a estas características y estar relacionada con la población canaria, pues este lugar, en las cercanías de Estreito da Camara de Lobos presenta estas características y se localiza en medio de las dos zonas a las que llega más afluencia de población canaria y morisca.
Otros términos que se asocian a ambas culturas son Tabaiba -a los higos chumbos se les conoce en Madeira como Tabaibos- que para D.J. Wólfel(12) se trata de un vocablo tomado sin duda de los aborígenes aunque no encuenbra ningún panalelo adecuado paira esta palabra en bereber, que tiene otnos vocablos con el significado de Euphorbia como takiut, tauk o addad. También Barbusano, pero en este caso no se trata de una palabra aborigen y si de una derivación del vocablo portugués barbosa = retofio, vastago(13). También el vocablo Viñatigo ha sido atribuido a la lenqua de los aborígenes, pero no da en absoluto la impresión de serlo; y si lo fuera, foneticamente tendría que estar muy desfigurada(14).
En cuanto a la palabra gofio, documentada en la isla de Porto Santo como gofe, se trata de un vocablo de claro origen canario y así aparece recogido en las fuentes etnohistóricas, aunque quizás su uso en el Archipiélago no estuviera tan generalizado como plantean los textos(15) (nos referimos a la denominación no al tipo de alimento). Wolfel(16) 6 paraleliza esta palabra con el Hausa guhuhu y propone la palabra gofio = masa hecha de haryna.
Además de los topónimos, el citado trabajo del Dr. A. Viera documenta la presencia de la lucha canaria en la isla a través de un episodio referido por G. Frutuoso. En este caso no es de extrañar la puesta en práctica por los aborigenes canarios en Madeira de ciertas destrezas propias de su cultura. Ya al principio de este informe nos referíamos al texto de Cadamosto que describe las habilidades corporales de los canarios y que surgen del entrenamiento a que son sometidos desde su infancia. Abreu Galindo(17) lo describe así para la Gomera:
Acostumbraban los naturales desta isla, para hacer diestros y ligeros a sus hips, ponerse los padres a una parte, y con unas pelotas de barro les después varas botas y después con puntas; y así los hacían diestros en tiraban, porque se guardasen; y, como iban creciendo, les tiraban Piedras, y guardarse, hurtando el cuerpo.
Entre los datos recogidos figura también el uso de lanzas por los pastores en Madeira a las que algunas personas atribuyen un origen canario y a las que denominan bordon. Desconocemos si este hecho es así. Pero va en el siglo XV G.E. de Zurara(18) utiliza este vocablo para describir las lanzas utilizadas por los aborigenes de la isla de La Palma formadas por un vástago de madera v un cuerno de cabra:
E a sua peleja é com hastes como os de Tanerife, senao que lhe poem onde havia de andar o ferro, um como agudo, e no conto outro, empero nao tao agudo como o outro da ponta.
En Canarias el uso de la lanza, astia o lata por los pastores tradicionales continúa hasta la actualidad, conservándose además juegos vernáculos como el del palo o garrote canario.
Es muy posible que estos y otros elementos estuviesen presentes en la isla ligados al grupo de población canaria, aunque dado el ámbito restringido en que surgen es muy difícil que estas costumbres hayan pervivido de algún modo hasta la actualidad.
Otro de los topónimos es el de Massapez, que aparece citado como aborigen para Gran Canaria y Tenerife(19) con la variante Massapeces. Se encuentra localizado en la costa occidental de Madeira en dos emplazamientos distantes entre sí, lo que puede asimilarse. como en el caso de Canarias a un topónimo que hace referencia a un tipo de entorno característico.
Con una localización similar, puede hacerse referencia al topónimo de ilheu do Gincho, también sito en el litoral medeirense. La voz Guincho, que hace referencia a un águila pescadora, aparece de forma recurrente en diversas islas del Archipiélago Canario, en la mayor parte de los casos en las cercanías del mar.
El desconocimiento del territorio, la abrupta orografía de Madeira y el poco tiempo de que disponíamos no nos permitieron visitar todos aquellos lugares que hubiésemos querido y mucho menos realizar encuestas a la población que vive en esos parajes. Aún así recorrimos algunos de los sitios que se mencionan, como Lombo do Mouro, Eira do moira, Lombo Moiro, en busca de algún referente material que nos permitiera explicar el origen de estos topónimos. Sin embargo, nuestro trabajo fue infructuoso pues no documentamos ninguna evidencia que nos permitiera justificar la existencia de esos vocablos, por lo que sería conveniente profundizar en el análisis documental y en la recopilación de información etnográfica que coadyuvara a ello.
4. LAS ESTRUCTURAS LABRADAS
En nuestra estancia visitamos varios sitios con estructuras excavadas situadas fundamentalmente en Ribeira Brava y en Tabua, existiendo entre ellas un mismo denominador común como es el que se trata de estructuras labradas en grandes bloques de matriz tobácea localizados en el cauce del barranco o en las partes bajas de la ladera. De cualquier manera, nuestro interés estuvo centrado en la denominada Casa da Moura, en Serra de Agua (Ribeira Brava), por ser el más completo e interesante de todos los visitados, a pesar de que ha sufrido algunos desperfectos por la instalación de un poste de tendido eléctrico aprovechando una de las bocas superiores.


En esta estructura realizamos, además, un pequeño sondeo para conocer el interés arqueológico que pudiera tener el escaso sedimento que existía en el interior de uno de los pozos, aunque sin ningún resultado positivo. Las dimensiones de la cata fueron de 40x40 cm y se alcanzó una profundidad de 42 cm. La capa superficies (2-3 cm) esta formada por una torta de cemento presumiblemente procedente de los trabajos de colocación del torreón eléctrico; continúa en una tierra arenosa y finalmente en una acumulación de clastos de 5-10 cm de grosor que se asientan en el suelo de la cueva, o mejor dicho de la poceta. El trabajo se documento con dibujos de los elementos más representativos y fotografías en detalle de la estructura.


Otro lugar visitado fue las cuevas de Eira do Mouros donde observamos varias estructuras excavadas en la roca probablemente con fines agropecuarios. Decimos esto por observar en una de las cuevas, en la que se aprecia en las paredes las huellas de los instrumentos metálicos con que fueron labradas, una serie de huecos excavados en ambos laterales en los que encajarían palos que servirían quizás para contener las materias guardadas en su interior, en este caso forraje para el ganado. Por otra parte, las caracteristicas morfológicas y la poca salubridad de las mismas las incapacitan de entrada para cualquier uso de habitación.

Finalmente documentamos otra estructura excavada, convertida hoy en capilla de Nossa Senhora da Penha França (Faial), conversión realizada en 1680 para cristianizar un presunto lugar de culto de pagaos. Este sitio presenta caracteristicas cercanas al de Serra de Agua, aunque las transformaciones realizadas para convertirlo en capilla impiden conocer la totalidad del monumento. Según en propietario de la hnca en la que se ubica, sólo tenía acceso por los dos huecos de la parte superior que, a su juicio, servían de acceso a los mouros que la utilizaban como lugar de habitación, lo cual se contradice con la versión que la considera una estructura de tipo cultual. Pensamos que esta estructura era originalmente muy parecida a la de Serra de Agua y tenía posiblemente idéntica funcionalidad pues presentan numerosos elementos comunes, que encontramos muy difuminados en Tabua y ausentes en el restos de las localidades visitadas.
4.1. Consideraciones acerca de la funcionalidad
Uno de los principales problemas que encontramos a la hora de interpretar la funcionalidad de los sitios de Serra de Agua, Tabua o Faial, es la ausencia de cualquier documentación sobre las mismas. Sólo existe un entorno histórico estudiado del que participan una serie de grupos étnicos que llega como mano de obra forzada a la isla desde el siglo XV y las leyendas que generan las mismas en la tradición oral. Por otra parte en el interior de estas construcciones o en sus inmediaciones no existen -o por lo menos no hemos sabido interpretarlas- evidencias materiales que apunten el uso que tuvieron en el pasado. Ante esta situación parece muy difícil tratar de explicar el origen y la funcionaliad de unas estructuras que parecen no estar englobadas en la tradición del grupo poblador de la Isla; aún así intentaremos plantear algunas cuestiones, aunque sólo sea para reabrir el debate sobre las mismas v promover su preservación.
Ante la ausencia de otra explicación más racional, en Madeira se consideran estas estructuras labradas en la roca obra de esclavos moriscos que las utilizaban como vivienda. Esta funcionalidad parece fácil de rebatir por lo menos como génesis de estos monumentos; otra cosa es que estos sitios perdieran su primitiva funcionalidad y personas de este o de otros grupos étnicos las utilizaran como morada o como refugio. Los argumentos que descartan este uso son los siguientes:
a) Su localización, en algunos casos en el centro de cursos de agua permanentes (Ribeira Brava), en ambientes insalubres y, en cierta medida, peligrosos ante los incrementos de caudal que experimenta el río en los meses invernales.
b) La configuración interna de este tipo de estructuras que para nada reproduce un lugar de habitación, sino en todo caso un espacio especializado empleado para una actividad económica concreta. La baja representación de este tipo de sitios en la isla, el escaso espacio disponible en el interior y la dificultad para el acomodo de personas a causa del tratamiento que han recibido los suelos, invalidan de entrada esta hipótesis.
Tampoco se corresponden morfológicamente con estructuras de tipo cultual, como por ejemplo las existentes en Gran Canaria. En ésta isla este tipo de yacimientos se suele ubicar en zonas altas y no en el cauce de los barrancos; por otra parte tanto la configuración de las cazoletas como su disposición no tienen nada que ver con las descritas, que están mucho más elaboradas, son de mayores dimensiones y guardan una disposición espacial completamente diferente.
Nada parecido se utiliza tampoco en Gran Canaria con fines funerarios; nada tienen que ver estas estructuras con los túmulos de yacimientos como el Lomo de Los Gatos ni con ningún otro espacio de enterramiento, como se afirma erróneamente en un reciente artículo(20). Por lo tanto descartamos el uso de estas estructuras como vivienda o lugar de culto, con lo cual debemos buscar una explicación altemativa.
Ambas características, morfología y ubicación, las utilizamos como criterios de referencia para establecer la posible funcionalidad de estas estructuras. En cuanto a la ubicación esta podría venir dada por la existencia en las partes bajas de la ladera de los barrancos de grandes bloques susceptibles de ser trabajados, pero también por la existencia en este punto de otros recursos -como el agua- presumiblemente relacionados con el uso de estos recintos. Este hecho queda de manifiesto también en la morfología constructiva de este espacio, pues la mayoría de sus componentes (A,B,C D) parecen estar destinados a contener líquidos y no a otros menesteres, hecho que se corrobora en los cercos dejados en las paredes por este uso. Esta certeza redujo las posibilidades a aquellos trabajos artesanales en los que el agua fuera un elemento primordial en el tratamiento de alguna materia prima que por el momento desconocíamos.


Parecía no tener correspondencia con nada conocido hasta que cayó en nuestras manos una publicación sobre una tenería tradicional de la localidad de Mesquer, en la isla de Fuerteventura(21). Esta guarda una configuración espacial similar y está integrada como aquella (Véase fig. 1) por depósitos en los que se llevan a cabo los distintos pasos que conlleva el proceso de curtido de la piel. En la misma línea están las tenerías del norte de Africa como las de Marrakech (Marruecos), cuya planta se reproduce en la figura2.
Las diferencias residen sobre en el tamaño de las instalaciones y en la distribución espacial de los distintos componentes que integran un lugar de estas características. En Marrakech encontramos la cadena operativa completa, mientras que en Mesquer sólo hallamos una parte de esta que va del desalado de las pieles hasta el curtido, que aquí se realizaba con los taninos procedentes del zumaque (Rhus coriaria). Algo similar debía ocurrir en Serra de Agua, según la hipótesis que argumentamos en este trabajo, aunque aquí tendría una proyección exclusivamente familiar y no comercial como en los casos anteriores, ligada quizás a los esclavos moriscos que llegan a la isla. De ser cierta esta hipótesis se confirmaría la información oral que existe sobre estos monumentos y su toponimía.
El proceso de curtido podría ser similar al que pasamos a describir, basado en los trabajos realizados sobre las tenerías de Marruecos y Canarias, que, para el caso que nos ocupa, se realizarían en los distintos depósitos y espacios abiertos que existen en el monumento estudiado. La cadena operativa(22) es la siguiente:
1. Se sumergen las pieles en una mezcla de agua y cal durante unos quince días con la finalidad de facilitar el depilado y la extracción otros restos orgánicos, que se realiza posteriormente con la ayuda de herramientas especiales.
2. Después de lavada, quizás en el cauce del río donde obtenían el agua para todo el proceso, se procedía a su maceración con alumbre, excrementos de perro y afrecho. Este baño tiene unos efectos bacterianos, pues sus fermentos descomponen las substancias albuminoideas y propicían una fermentación alcalina que neutraliza la hinchazón que sufren las pieles después del depilado con cal.
3. Nuevamente se procede a lavar las pieles y se mantienen en agua para asegurar su flexibilidad hasta que tiene lugar el verdadero curtido que se realiza con los taninos del arbusto zumaque (Rhus coriaria), cuyo uso llega a Canarias desde Madeira. Una vez salidas las pieles de este baño, que duraba unos cuatro días, se echaban a secar.
Esta funcionalidad es la que proponemos para la estructura de Serra de Agua, hipótesis que se basa exclusivamente en las características morfológicas que presenta el sitio ya que no existen datos de otra naturaleza. Con ello queremos decir que su uso pudiera haber sido este u otro que desconocemos, pero, en todo caso, no el que relaciona estos espacios con lugares de habitación.
5. CONCLUSIONES
Ante la escasa información existente sobre unos monumentos de los que no sólo desconocemos su función, sino incluso su cronología suponemos que deben encuadrarse entre los siglos X\/ y X\/l aunque sin ninguna certeza- realizamos una propuesta interpretativa basada fundamentalmente en las características tipológicas y de localización de estas estructuras. Con ello no queremos dar por zanjada la cuestión, antes al contrario, pretendemos que se realicen trabajos de documentación en los archivos y entre la población de estos lugares, así como sondeos arqueológicos allí donde sea factible, orientados a buscar nuevos indicios acerca de la cronología y funcionalidad de estos lugares, que permitan verificar esta hipótesis o plantear otra en su lugar.
Dos cuestiones parecen claras tras el análisis de los datos disponibles:
1. No parece existir relación alguna entre la población esclava de origen canario y las estructuras estudiadas. No existe concordancia entre los parámetros constructivos y morfológicos de las mismas con otras existentes en la isla de Gran Canaria.
2. Estos monumentos tienen un valor histórico y patrimonial indudable, reflejo de la composición etnica de Madeira y de los modos de vida de sus habitantes, por lo que su protección debe de ser garantizada por la administración a fin de evitar actuaciones tan negligentes como la llevada a cabo en la estructura de Serra de Agua. Este sitio, que consideramos el más representativo de los visitados, debería ser restaurado y valorado como un elemento representativo del patrimonio etnográfico de la isla de Madeira.
Emesto Martín Rodríguez
Javier Velasco Vázquez
Enero, 1999
1. VIEIRA. A. Os escravos no Arquipélago da Madeira. Séculos XV a XVII. Funchal, 1991, p. 37
2. SIEMENS, L. y L. BARRETO Los osclavos aborígenes canarios en la isla da la Madeira (1455-1505). Anuario de Estudios Atlánticos 20, Madrid-Las Palmas 1974, pp. 111-143
3. HOUTART, F. Relacion y modos de produccion precapitalistas. Madrid. 1988. p.108
4.LORENZO PERERA, M. ¿Qué fue de los alzados guanches?. La Laguna, 1983
5.AZNAR VALLEJO; E: La integración de las Islas Canarias en la Corona de Castilb (1478-1520). La laguna, 1983
6.Para el establecimiento de comparadones se ha empleado el Diccionario de la Lengua Aborigen Canaria de F. Navarro Artiles (1981).
7.En este caso, incluso, se hace referenda a la funcionalidad que se dio a esta cavidad.
8.Además de mouros, también se localizan toponimos referidos a otros colectivos, como « el caso de Lombo da Serra dos Judeus.
9.Yacimientos que no tienen porque ser asimilables al intervalo temporal en el que los musulmanes están ocupando este territorio, sino que pueden hacer alusión a otros emplazamientos arqueologicos mas antiguos.
10. Nuevamente localizados de forma preferente en la mitad occidental de la isla.
11.DiAZ ALAYON, C. Materiales toponímicos de La Palma. Santa Cruz de Tenerife, 1987, pp.104-105
12.WÕLFEL, D.J. Monumenta linguae cananae. Santa Cruz de Tenerife, 1996, pp. 668-69
15. nos referimos a la denominación no al tipo de alimento
17. ABREU GALINDO, J. Historia de la Conquista de las siete islas de Canaria. Santa Cruz de Tenerife, 1977, p. 74
18. ZURARA, G.E. da Crónica de Guine. Barcelos, 1973, pp. 343
19.En este caso se asocia incluso con un yacimiento aborigen: las Cuevas de Massapes.
20. LUISA CORREIA, J.L. Estruturas escavades na rocha na ilha da Madeira. Algumas hipóteses de relacionamento com os comecos do seu povoamento. Islenha 23 (Funchal 1998), pp. 79-88
21. PERERA BETANCOR, M' A. y A. RODRIGUEZ Las tenerias de Fuerteventura. Un estudio sobre el trabajo tradicional del cuero. Vl Jomadas de Estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura, 1995, pp. 637-650
22. PERERA BETANCOR, M,' A. y A. RODRIGUEZ: Op. Cit. pp. 643-648